El Blog del museo Picasso de Barcelona

La aventura americana de Jaume Sabartés

A lo largo de los años que Pablo Picasso y Jaume Sabartés compartieron viviendo en Barcelona, el pintor representaba a su amigo siempre como un poeta romántico y melancólico. Sin embargo, los tiempos de la bohemia no pueden durar eternamente. El joven Sabartés habría querido vivir como un moderno artista y escritor, pero esa no fue la mejor época para ello. La crisis posterior a la guerra de Cuba provocó que muchos jóvenes emigraran; en julio de 1904, Sabartés también decide irse, aprovechando que su tío materno, Francisco Gual, era propietario de una tienda de ultramarinos, La Palmera, en Ciudad de Guatemala. No regresaría a Europa de manera definitiva hasta 1932.

Pablo Picasso “Poeta decadente” [Jaume Sabartés] Barcelona, 1900. Carboncillo y pintura a la esencia sobre papel verjurado con filigrana 48,3 x 32,2 cm (irregular). Museu Picasso, Barcelona. Donación Jaume Sabartés, 1962. MPB 70.232. Museu Picasso, Barcelona. Fotografía: Gasull Fotografia

 

Meses después de su llegada a América, Sabartés narra sus primeras impresiones guatemaltecas en su último artículo en la revista Joventut, con la que había colaborado desde el año 1903. En el artículo De casa a casa del tío, el joven de 23 años, haciendo gala de su espíritu anarquista, loa la libertad que halla en los autóctonos: «El mercado es puramente como lo sueñan los anarquistas más intelectuales. No se preocupan por la vestimenta, porque todos son iguales y libres».

Sabartés termina acostumbrándose con agrado a trabajar en la tienda de su tío, y en 1908 se casa con la guatemalteca Rosa Robles. Ahora bien, a pesar de su trabajo menestral, Sabartés es un diletante —y lo será siempre—, así que establece contacto con varios artistas de la ciudad, como el escultor de origen catalán Justo de Gandarias y organiza tertulias en la trastienda de La Palmera. Sabartés siempre actúa del mismo modo, vaya donde vaya. «Cuando llega a un lugar nuevo, Sabartés se introduce en seguida en los círculos intelectuales», explica Margarida Cortadella, comisaria de la exposición «Sabartés por Picasso por Sabartés». Y, sobre todo, nunca deja de recomendar la obra de Picasso.

No será hasta que Sabartés se traslade a vivir a Nueva York en 1911, ciudad donde residirá más de un año, cuando el amigo de Picasso se percata de la fama internacional que ha adquirido la obra del malagueño y le propone celebrar una exposición en la ciudad americana. Sabartés tiene a Picasso en mente. A principios del año 1913, el matrimonio regresa a Guatemala, pero esta vez se instala en Quezaltenango. En la ciudad trabaja de periodista «clásico» y dirige el periódico El Comercio, en el que hace de todo, incluso de traductor de los cables internacionales. Más tarde, en 1920, pasa a dirigir el Diario de los Altos, pero de nuevo necesita combinar una actividad más crematística con trabajos más creativos, y por este motivo publica varios cuentos en la revista Juan Chapín y organiza los Juegos Florales Nacionales, inspirados en los Juegos Florales catalanes.

Portada de la revista Juan Chapín, núm. 39 (15 de diciembre de 1913), con una fotografía de Jaume Sabartés como director del diario El Comercio, de Quezaltenango

 

Después del nacimiento de su hijo Mario, regresa a Ciudad de Guatemala en 1920, donde trabaja de profesor y cofunda en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Guatemala dejará una huella profunda en el futuro secretario de Picasso, dado que a partir del recuerdo de la dictadura de Manuel Estrada de Cabrera (1898-1920), escribirá en los años cuarenta las novelas Don Julián y El Benemérito. Sin embargo, en una carta de febrero de 1926 a Picasso, Sabartés no amaga un sentimiento de nostalgia: «Cada día se me hace más cuesta arriba esta vida tan apartada de lo que era nuestro sueño de juventud. Tú no sabes lo que es esto de verse lejos como de sí mismo». Confesa que se siente un «fracasado» y define Guatemala como una tierra donde «nadie tiene gusto y no abunda el dinero».

 

Efectivamente, alguna cosa iba mal. El regreso temporal de Sabartés a Barcelona en el año 1927, por motivos de salud de su hijo, supuso también una conmoción personal. En la ciudad catalana se rencuentra con un viejo amor, Mercedes Iglesias, y con ella se va por unos meses a París, donde tiene lugar el esperado encuentro con Picasso a finales de setiembre.

Sin embargo Sabartés no abandona el sueño americano y regresa a América. Esta vez se establece en Montevideo con su nueva pareja, donde vuelve a ha trabajar de periodista pero sin dejar de difundir la obra picassiana. En este sentido, propone al artista una exposición monográfica, que podría viajar después a Buenos Aires. La muestra no se llegó a organizar pero queda patente que Sabartés había movido ya algunos hilos, dado que le dice a Picasso que el gasto iría a cargo del Ministerio de Educación de Uruguay, y que también estaban dispuestos a adquirir alguna obra. En cierta manera, Sabartés estaba ya prefigurando su papel de futuro secretario, coordinador y divulgador de la obra de Picasso, después de su regreso definitivo a Europa.

 

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Redacción del Museu

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