El Blog del museo Picasso de Barcelona

50 años de los esgrafiados de Picasso en el Col·legi d’Arquitectes de Catalunya

En mayo de 1955 el Col·legi Oficial d’Arquitectes de Catalunya i Balears inauguró una nueva sede en la Plaça Nova de Barcelona, frente a la Catedral. El edificio fue decorado con unos frisos diseñados por Picasso y realizados por el artista nórdico Carl Nesjar.

El Col·legi d’Arquitectes celebra su 50 aniversario y desde el museo queremos celebrar este hito recordando las palabras del Sr. Xavier Busquets y Sindreu, arquitecto director del proyecto, con las que cuenta, de forma muy cercana y detallada, desde la idea a la realización de estos frisos.

Fachadas frontal y lateral derecha del edificio del Colegio de Arquitectos de Cataluña. Foto: Cristina Martín

«Tuve mucha suerte de ganar los dos concursos y obtener el encargo de realizar el proyecto y asumir la dirección de la obra.

Tan pronto como el anteproyecto fue conocido por el público barcelonés se inició una considerable polémica. El estilo actual del edificio proyectado y su emplazamiento, justo enfrente de la maciza muralla romana, del Palacio Episcopal, de la Casa de l’Ardiaca, de la Catedral, provocaron la discusión. Unos hablaban de rotura de la armonía arquitectónica del entorno. Los otros opinaban que el contraste entre el edificio y este entorno los valoraba mutuamente […]. Las críticas y el debate fueron ruidosos, y todo ello tuvo un resultado muy agradable: el de suscitar el interés del público por la arquitectura. […]

En cuanto al edificio, el muro ciego del primer piso, que rodea el salón de actos y el foyer era un problema que me preocupaba especialmente, ya que constituía el paso de un elemento horizontal a otro vertical. La idea inicial había sido resolverlo con un recubrimiento cerámico de gres confiado a Antoni Cumella.

Dos hechos contribuyeron a modificar esta primera idea.

Algunos años antes, encontrándome en Cannes había conocido personalmente a Pablo Picasso. […] Su interés por nuestra ciudad me quedó confirmado en seguida. Prácticamente, la primera pregunta que me hizo fue: «¿Qué hacen en Barcelona?». Y escuchó las explicaciones que pude ofrecerle con una atención y una simpatía que no fueron desmentidas en ningún momento. […] Para mí fue una tarde inolvidable. Me había recibido en una sala organizada a base de un desorden magnífico. […] De aquella primera visita a Picasso, tan lejana, guardo la impresión inalterable de unas manos honradas y de unos ojos de una curiosidad implacable, corregida por la experiencia. […]

En octubre de 1958, en un viaje a París relacionado con el proyecto del Colegio, visité también la UNESCO, donde vi un mural de Miró hecho en colaboración con Llorens Artigas. Este mural y el recuerdo de mi visita a Picasso me sugirieron la posibilidad de una colaboración Picasso-Cumella en el edificio del Colegio. El enorme prestigio de Picasso, su indiscutible maestría y su estrecha vinculación de tantos años a Barcelona y a Cataluña eran factores decisivos para un éxito seguro. […]

Detalle de los esgrafiados de la fachada frontal

Así volví a visitar Picasso. Lo hice provisto de planos, perspectivas del edificio y colecciones de fotografías que reproducían su emplazamiento y su aspecto futuro. Como es natural en ningún momento se había propuesto a Picasso un tema determinado para la decoración de los murales. […]

Ya ha quedado dicho que mi primera idea era la de una colaboración del ceramista Cumella con Picasso. Pero éste, con el interés por nuevas formas de expresión que siempre lo caracterizó, me habló de un nuevo procedimiento con el que habían reproducido unos dibujos suyos del Museo Grimaldi de Antibes en el edificio del gobierno noruego, en Oslo.

Carl Nesjar, que conocía Picasso y la nueva técnica del chorro de arena ya había accedido a hacerse cargo de la obra y se trasladó a Barcelona. Lo recuerdo como un hombretón nórdico, alto y fornido, barbudo. […] Habíamos decidido, pues, los materiales con los que deberíamos trabajar. Pero faltaban todavía los dibujos originales. […] Intentando que no se sintiera excesivamente apresurado, lo mantuve al tanto de todo. Lo visitaba cada mes y hablaba con él por teléfono semanalmente. […] Mientras las obras del edificio avanzaban, y pronto llegaríamos a la fase de los acabados. Todo estaba a punto para comenzar los murales.

Un día, al despedirme de Picasso y Jacqueline en «La Californie», tuve que atreverme a decirle que no nos podíamos demorar más. «Reza un Padrenuestro para que te lo haga», me respondió Picasso. A los pocos días, el 18 de octubre de 1960 a las once de la noche, me telefoneaba para decirme que los dibujos ya estaban listos. […]

Al enseñarme los dibujos, Picasso aludió a la voluntad de síntesis y al esfuerzo de simplicidad que suponían. «Esto – concluyó literalmente – no habría sido capaz de hacerlo antes.» Y, efectivamente, los dibujos tienen mucha más sabiduría y profundidad que no parece a primera vista.

Había llegado, pues, el momento de empezar las obras definitivas. […] La reproducción de los dibujos se hacía en dos fases.

Primero había que reproducir fragmentos de los originales sobre papel, ampliándolos hasta obtener su tamaño definitivo. Los dibujos eran fotografiados en diapositivas. Estos se proyectaban sobre papel, y Carl Nesjar seguía los trazos del dibujo con un pincel. Para hacer la ampliación a la medida que presentan los esgrafiados había proyectar las diapositivas a más de 10 metros de distancia. [..] Una vez pasado el dibujo del papel a escala natural, se recorrían las pinceladas perforando con un punzón.

Fachada lateral izquierda del edificio

La segunda fase de la reproducción tenía lugar ya en el Colegio. Los papeles pintados eran fijados sobre las placas de hormigón acabadas de desencofrar. Carl Nesjar, con una bolsita de tela llena de polvo de grafito, iba recorriendo y golpeando el trazo perforado del dibujo. El grafito traspasaba los agujeros del papel y marcaba las líneas sobre el hormigón. Una vez retirado el papel, con una fotografía de los originales a la vista, Nesjar repasaba las líneas con un lápiz de cera y señalaba con flechas la dirección que debería dar al chorro de arena a fin de reproducir con exactitud las diferentes intensidades del trazo del dibujo de Picasso.

Finalmente, llegaba la hora de aplicar el chorro de arena siguiendo las marcas y poner al descubierto las piedras negras del interior del hormigón. […] La arena y el mortero movían una polvareda formidable. Para evitarla en lo que era posible se utilizaron unos grandes ventiladores que proyectaban el polvo sobre una cortina empapada de agua. […] El proceso exigía ir descarnando el mortero con un gran cuidado, consultando repetidamente las fotografías de los originales, para no excederse en dar el grosor del trazo.

Habiéndose extendido que la decoración de los paneles exteriores del Colegio se hacía con dibujos originales de Picasso, fueron varios los artistas que hubieran querido contribuir con su saber en la decoración de interiores. Para los dos tramos de parado del foyer – prolongación de la sala de actos- había pensado en Joan Miró. Comenté a Picasso esta posibilidad. La reacción fue rápida y cortante: «¡Ya te haré yo, los Miró!», Me dijo.

Los hizo con una rapidez sorprendente.»

Discurso de ingreso del Académico Electo Ilmo. Sr. Xavier Busquets y Sindreu
Leído en la Sala de Actos de la Academia el día 9 de diciembre de 1987

Para saber más

Bassegona Nonell, Juan. Una gran obra de Picasso a Barcelona. Els esgrafiats del Col·legi d’Arquitectes de Barcelona. Barcelona: Amics de Gaudí, 2009.

Cirici-Pellicer, Alexandre. Esgrafiados de Picasso. Barcelona: Col·legi Oficial d’Arquitectes,

Fairweather, Sally. Picasso’s concrete sculptures. New York: Hudson Hills Press, 1982.

Consulta el catálogo en línea de la Biblioteca

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