El Blog del museo Picasso de Barcelona

Una donación para el Picasso. Con gato

La felicitación enviada estas Navidades  ha tenido una protagonista previsible para el museo, pero también insospechada: ¡una fotografía de Pablo Picasso! La parte insospechada es que ésta es una fotografía inédita, de la que se desconocía la existencia.

Pablo Picasso – Vallauris 1954 (donación)

Esta imagen, y dos más, son una generosa donación de Alejandro Nadal, hijo del pintor Carlos Nadal, que las ofreció al Museu Picasso el pasado julio de 2010. Fueron captadas en 1954 por su padre en la residencia del artista de Vallauris. El Museu Picasso consideró muy adecuada su aceptación para la formación y enriquecimiento del centro de estudios de referencia de Picasso.

Desde aquí queremos hacer llegar nuestro agradecimiento a la familia Nadal por esta donación, que enriquece nuestros fondos y nos permite conocer un pedazo más de la vida y el entorno de Picasso. Para hacer este artículo, pedimos a Alejandro Nadal que nos explicara las circunstancias que rodearon esta imagen.

El testimonio de Alejandro Nadal

“Carlos Nadal tomó esta curiosa fotografía de Pablo Picasso en Vallauris en el año 1954, una fotografía en la que contrasta la mirada penetrante del pintor con el cariño con el que sujeta a su gato.

En aquel momento, Carlos Nadal (París 1917- Sitges 1998) era un prometedor pintor español de 37 años, nacido en París pero residente en Bruselas desde el año 1949. En 1954, Louis Manteau, su marchante en Bélgica y Holanda, le prestó durante una temporada su casa de la Costa Azul para preparar una exposición. A través del propio Manteau, o de alguno de sus otros marchantes de la época, (había expuesto en la Pinacoteca y en la Sala Gaspar en Barcelona en varias ocasiones a principio de los años 50 y también en la Galería Georges Giroux de Bruselas), aprovechó la oportunidad para visitar y conocer a Picasso en la cercana población de Vallauris.

Carlos Nadal – circa 1950

Para Carlos Nadal fue una ocasión única de conocer y departir con el que consideraba el maestro de maestros, con el gran Pablo Picasso. En aquella época, éste, a sus 73 años de edad, ya era un pintor de gran fama. Pero, en un gesto de generosidad, su fama y reconocimiento no supusieron inconveniente alguno para abrir las puertas de su casa a un joven pintor prácticamente desconocido.

Salvada la diferencia de edad (alrededor de una generación), ambos tenían puntos en común: eran hijos de pintores, se habían iniciado y formado desde muy jóvenes. Ambos eran españoles expatriados, habían vivido en Barcelona y asistido a clases en la Real Academia de la Llotja. Residían o habían nacido en Francia, país donde se habían desarrollado profesionalmente (Carlos nació en París y estuvo 3 años residiendo en el Pabellón de España de la ciudad universitaria a finales de los años 40). Y ambos habían sufrido las penalidades de su tiempo, guerras incluidas, los destierros y los apuros económicos.

Carlos Nadal y Pablo Picasso – Vallauris 1954  (donación)

Pero también, ambos eran personas decididas y hechas a sí mismas. Además de poseer una sólida preparación académica, eran personas con una vocación y una pasión total por el arte. Y unos grandes trabajadores.
Carlos Nadal y Pablo Picasso tenían ambos una personalidad fuerte.
Parecían hechos de la misma madera.

Sin embargo, artísticamente, seguían líneas o estilos muy diferentes, pero esto no le importaba ni al uno ni al otro. Es conocida la amplitud de miras que tuvo Picasso con otros pintores de muy distintas tendencias.

¿Qué hicieron, qué pasó durante estas horas o días compartidos en Vallauris?
Trabajar juntos, quizás.
Pero hablar, seguro que hablaron mucho.
Y ¿de qué hablaron? Sin entrar en excesivas especulaciones, hablarían de su querida Barcelona, de España, de la guerra, del campo de refugiados donde estuvo Carlos, de la Expo de Paris del 37… pero también de la Llotja, de los artistas españoles expatriados voluntariamente o a la fuerza, de los que no se expatriaron… de muchas cosas.

Pero sobre todo hablaron de pintura, del arte y de su mundo.
Y en este momento, Carlos vio y escuchó a su maestro, a su gran maestro Pablo Picasso mientras éste acariciaba a su gato en una esquina de la cocina y lo fotografió.

Por testimonio directo de Carlos, han trascendido algunas de las cuestiones tratadas en estas conversaciones: la influencia mutua entre artistas y la importancia de la herencia cultural, la evolución paso a paso del arte, su construcción granito a granito, la realidad frente a los mitos en el mundo del arte…

Carlos Nadal en su estudio – Sitges circa 1990

Esta visita marcó para siempre a Carlos Nadal.
Pero Pablo Picasso lo marcó de la manera más elegante y honrada que pueda hacerlo un maestro con su pupilo: sin querer influirlo, respetando siempre el rumbo artístico que éste se había marcado.

A pesar de su mirada penetrante.
Y mientras, acariciaba su gato.”

Alejandro Nadal

2 Comentarios
  • montse
    enero 25, 2011

    M´encanten els gats i m´encanta Picasso¡¡¡
    una bona barreja¡¡¡¡
    Petons

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