Notas acerca de la exposición “Picasso y las joyas de artista” y la muestra “Joyas baule y kafir. Diálogos con Picasso”

Hace más de un año, antes del confinamiento de marzo del 2020, surgió la idea de reforzar la colaboración entre dos museos vecinos. A raíz de la exposición “Picasso y las joyas de artista”, y teniendo en cuenta la riqueza de la colección de joyas de diferentes culturas que custodia el Museo Etnológico y de Culturas del Mundo, impulsamos, junto con el Museo Picasso, la muestra “Joyas baule y kafir. Diálogos con Picasso”.

Cuando Ainize González García y yo, como cocomisarios de la muestra, nos pusimos manos a la obra, teniendo en cuenta esta consideración de las joyas de Picasso como síntesis de toda su obra, pensamos en el denominado primitivismo. Y, en particular, en dos vinculaciones con nuestra colección: en primer lugar, la fascinación por el llamado arte africano. El arte de los baule, en Costa de Marfil, fue uno de los más influyentes en los artistas de vanguardia, en particular, la escultura y las máscaras, pero también el tratamiento formal de algunos rostros de las joyas de oro, que, junto a otros objetos, coleccionaban artistas como André Derain. Picasso encontró en el arte africano un arte “otro” con unos recursos formales con los que se rompía la representación naturalista y se revitalizaba el arte moderno.

Penjoll baule. MEB CF 4818. Col·lecció Folch. Museu Etnològic i de Cultures del Món. Ajuntament de BarcelonaColgante baule. MEB CF 4818. Colección Folch. Museu Etnològic i de Cultures del Món. Ayuntamiento de Barcelona

En segundo lugar, y también en relación con esta ruptura de la representación naturalista, otra influencia para Picasso la encontramos en el arte íbero. Este primitivismo vernáculo constituye el segundo ámbito de nuestra muestra: las joyas de Picasso tienen una vinculación con el Mediterráneo, en especial, las joyas de cerámica y los cantos rodados. La escultura íbera había tomado el esquematismo formal del arcaísmo griego. Picasso reconoció en el arte íbero el concepto de exótico, en una forma ancestralmente propia.  Mediante una selección de joyas de la cultura kafir, en Afganistán, evocamos esta influencia orientalizadora, de ida y vuelta.

La treintena de piezas expuestas pertenecen a la colección Folch, verdaderamente relevante para la historia del Museo Etnológico y de Culturas del Mundo. La mayor parte de las joyas de esta colección están habitualmente en la sala de reserva, y nos entusiasma poder mostrarlas al público. De hecho, tanto las joyas baule como las kafir tienen autonomía y significados propios que están presentes en la exposición, además del diálogo que establecemos con Picasso.

Braçalet kàfir. MEB CF 3070. Col·lecció Folch. Museu Etnològic i de Cultures del Món. Ajuntament de Barcelona.Brazalete kafir. MEB CF 3070. Colección Folch. Museu Etnològic i de Cultures del Món. Ayuntamiento de Barcelona

Pero esta colaboración no se detuvo en la exposición, sino que se amplió con otras actividades como Mirades Entrecreuades, un programa emitido el pasado 17 de junio por las redes sociales de los museos. Este programa proponía una conversación entre Manon Lecaplain, cocomisaria de la exposición “Picasso y las joyas de artista”, y yo mismo, y daba la palabra a los espectadores con sus preguntas.

Además del primitivismo, la conversación giró en torno a otros tres conceptos: la intimidad, los fetiches y amuletos y los materiales. Establecer un diálogo entre las joyas de las culturas baule y kafir con las joyas de Picasso no significa solo establecer los puntos de contacto, sino también señalar los contrastes y dejar que cada creación, con sus particularidades, hable de ella misma, con entidad propia.

En primer lugar, cuando Picasso creó los medallones de tierra cocida, se los dio a las personas más próximas de su entorno, lo que reforzó la relación de intimidad que mantenían. Ese vínculo se puede ver también en las joyas baule del tesoro familiar, que, concebido como legado sagrado, es donde se concreta la presencia de los ancestros, hasta llegar a ampliar el sentimiento de pertenencia al linaje.

En segundo lugar, algunas de las joyas de Picasso son obras de arte y ornamentos, y también se convierten en colgantes amuletos. Picasso encontraba en las máscaras y en la estatuaria africana un carácter mágico, presente también, de algún modo, en las piezas de orfebrería baule. El tratamiento formal de los rostros de los colgantes de oro baule está muy cerca de los rostros de las esculturas y máscaras de esta misma cultura. Las joyas que forman parte del tesoro familiar están dotadas de un cierto poder, donde se concreta la presencia de los ancestros.

Por último, con respecto a los materiales, tenemos que destacar las diferencias entre las joyas de Picasso y las joyas baule y kafir. Si Picasso tiene predilección por los materiales pobres, el objet trouvé (el arte encontrado), y utiliza poco los metales nobles, como el oro y la plata, en estas dos culturas hay una predilección por ambos. En el caso de la cultura baule, el oro es un material que posee una fuerza propia que hace que las contribuciones al tesoro familiar sean en forma de objetos realizados con este material, además de constituirse como “reserva” que garantiza su seguridad.

Para acabar, con esta colaboración nos gustaría que los visitantes abrieran su mirada y que vincularan las creaciones de otras culturas del mundo con el arte moderno europeo. Esta reflexión transversal y conjunta hecha entre el Museo Picasso y el Museo Etnológico y de Culturas del Mundo es fruto de una apuesta de futuro que quiere construir puentes entre instituciones vecinas para generar un espacio común donde se favorezca la reflexión y el diálogo entre las diferentes culturas del mundo y la contemporaneidad.

 

Salvador García Arnillas

 

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