Pintores viajeros y relatos de César Aira en el Club de Lectura

Para la sesión del 20 de marzo, contamos con la presencia de una figura conocida y estimada: Jordi Carrión, corresponsable de la iniciativa del Club de Lectura del Museu Picasso y coordinador, hasta la temporada anterior, de las sesiones. Con Carrión hablamos de Episodio en la vida del pintor viajero y Relatos reunidos, de César Aira.

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En relación a la exposición temporal «Post- Picasso. Reacciones contemporáneas«, nos pareció interesante explorar alguna de las relaciones posibles que se establecen entre la literatura y la pintura, desde la obra de uno de los autores contemporáneos – el argentín César Aira – que, como observa Jordi Carrión, ha mantenido, a lo largo de toda su carrera, un diálogo sostenido con el resto de lenguajes artísticos. Los diálogos posibles entre literatura y pintura – una de las líneas del club de este año – han caracterizado la historia de la literatura – y no sólo de cómo la literatura se ha pensado en sí misma, desde el Ut pictura poesis, de Horacio, hasta el Laocoonte de Winckelmann. Puesta en relación con las otras artes, la literatura ha aprendido algo de sí misma y se ha trazado horizontes posibles, de imitación de la pintura, de superación de la succesividat de su herramienta: el lenguaje.

Rugendas

Soldados argentinos bajo el ataque de los indios. 1846. Johann Moritz Rugendas

La obra de Aira es un caso interesantísimo dentro de la escritura contemporánea precisamente porque es un explorador de este diálogo. Planteada en términos de ‘continuo’, la obra de Aira toma la forma de un ejercicio intensísimo de escritura automática. Aira desplaza el gesto artístico, de la obra al procedimiento de producción de obra; la ‘artisticidad’ de su proyecto, por lo tanto, ya no hay que ir en busca de los aspectos en los que, tradicionalmente, se ha apoyado una crítica ‘bel-letrista’ – la excelencia retórica, la perfección formal de la obra, la motivación de sus elementos, etc. – , sino en los términos de la actividad creativa. En este sentido, tal como señala Carrión, es crucial su genealogía artística autoimputada: Duchamp y Raymond Roussel.

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Fontaine. 1917. Marcel Duchamp

Desde este punto de vista, la nouvelle de Aira – y el relato ‘Picasso’ – nos sirven de entrada privilegiada al universo literario del argentino -universo demencial, brillantísimo, desproporcionado, deslumbrante, en el que encontramos siempre dos dimensiones temáticas: la que sea que trata el texto, y Aira mismo. Aira siempre está hablando de sí mismo, nos dice Jorge, de su propia poética, su concepción de la literatura, blandiendo un ejemplar de la edición de Eloisa Cartonera de ‘Picasso’. Todo en Aira está pensado como gesto de vanguardia, incluso su política de publicaciones. A partir de aquí, hablamos de las mil gotas en que se deshace el cuadro de la Mona Lisa – que son una de tantas ilustraciones de esta tendencia airiana de poner siempre en relación macrocosmos y microcosmos -, pasamos a la pintura fisonómica de Rugendas – este pintor alemán que descubre, en el detalle infinitesimal del cuadro, la intuición del surrealismo; este hombre – monstruo, frankeinsteniano, mozartiano, que deshace todas las categorías etnocéntricas y exotitzantes que habían alimentado, hasta entonces, la mirada imperialista -, tomamos el té anual con Dios y los monos. Al final, la pintura vuelve a la literatura para cuestionarle la actualidad. ¿Cómo puede ser, dice Carrión, que la fealdad se haya aceptado como principio creativo legítimo en todas las disciplinas artísticas a excepción de la literatura? ¿No será precisamente en relación con el resto de artes que la literatura puede encontrar una de tantas formas de ser, efectivamente, contemporánea?

Borja Bagunyà

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Club de Lectura del Museu Picasso

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