El Blog del museo Picasso de Barcelona

Masacre en Corea, el Guernica de la Guerra Fría

En medio de un paisaje desolado, los escombros de los edificios destruidos como telón de fondo, el drama de la guerra contra la población civil: seis soldados se disponen a fusilar a un grupo de mujeres y niños. A los militares los ha representado como robots a los que les falta el corazón, medio vestidos con piezas de metal y casco, mientras que las víctimas inocentes, desnudas, a las que se ha desprovisto de cualquier dignidad, aguardan con desespero el momento fatal. Tan solo un niño muy pequeño, que no puede ser consciente del peligro que le rodea, juega despreocupado en el suelo. Una de las mujeres —la situada más a la derecha— se encuentra paralizada, como si no se pudiese llegar a creer lo que está pasando; otra de las mujeres parece resignada y cierra los ojos aguardando los disparos; y las otras dos mujeres —una embarazada, con un hijo mayor que se agarra a ella llorando, y la otra con su pequeño recién nacido abrazado contra su pecho— están aterrorizadas. Es la impactante escena que Picasso pintó en el cuadro Masacre en Corea.

Pablo Picasso. "Massacre a Corea". Valauri, 18 de gener de 1951. Oli sobre tela. 110 x 210 cm. MP203. Musée national Picasso-Paris © Successió Pablo Picasso, VEGAP, Madrid 2019Pablo Picasso. «Massacre a Corea». Valauri, 18 de gener de 1951. Oli sobre tela. 110 x 210 cm. MP203. Musée national Picasso-Paris © Successió Pablo Picasso, VEGAP, Madrid 2019

Picasso creó esta obra a principios del año 1951, como denuncia por las matanzas civiles durante el avance del ejercito de los Estados Unidos en territorio de Corea del Norte, durante la Guerra de Corea. Esta pintura al óleo sobre contrachapado, que pertenece a la colección del Musée Nacional Picasso-Paris, se encuentra expuesta estos días en el Museu Picasso de Barcelona, en el marco de la muestra «Pablo Picasso. Paul Eluard. Una amistad sublime», y en el contexto que ejemplifica el compromiso político de Picasso y su amigo Paul Eluard después de la Segunda Guerra Mundial. Esta no ha sido la primera vez que la podemos ver en Barcelona, dado que la obra ya había visitado el Museu en el año 2004, con motivo de la exposición «Picasso: guerra y paz».

Masacre en Corea es una obra con un mensaje directo. Picasso, en plena Guerra Fría, se posiciona al lado de las víctimas civiles norcoreanas, que, en aquel preciso momento de la contienda, sufrían las consecuencias de un conflicto muy cruento.

En cambio, aparte del título, Picasso no contextualiza ningún hecho concreto de la Guerra de Corea y dibuja a los personajes de manera universal. Tan solo el río, que divide en dos el cuadro, nos recuerda la partición del territorio coreano; una división que aún hoy sigue vigente.

Dada la manera en la que Picasso distribuye la violenta escena, se puede observar de forma clara la influencia que ejerce el célebre cuadro de Goya Los fusilamientos del 3 de mayo (1814), pero también de La ejecución del emperador Maximiliano de México (1868), de Édouard Manet. En los tres cuadros que representan los fusilamientos, los verdugos se sitúan a derecha del escena y las víctimas, a la izquierda.

"Els afusellaments del 3 de maig" (1814). Francisco de Goya, Museo del PradoEls afusellaments del 3 de maig  (1814). Francisco de Goya, Museo del Prado
"L'execució de l'emperador Maximilià de Mèxic" (1868), Edouard Manet. Kunsthalle MannheimL’execució de l’emperador Maximilià de Mèxic (1868), Edouard Manet. Kunsthalle Mannheim

En el cuadro, Picasso toma partido por los inocentes, tal como ya había hecho en el Guernica durante la Guerra Civil, pero en esta ocasión y en aquel momento la obra no gustó a nadie. Al contrario, llegó incluso a molestar a los dirigentes del Partido Comunista francés, del que Picasso era militante, en el que se consideró que la estética del cuadro se alejaba demasiado del realismo socialista. Y evidentemente, teniendo en cuenta la temática que trataba, cayó como un jarro de agua fría en ciertos sectores de la crítica internacional, cercanos a los museos americanos como el MOMA de Nueva York. «Aunque no le guste a nadie, es algo, ¿no?», dijo Picasso.

Sin embargo, el buen arte es universal y atemporal, y supera siempre las circunstancias del momento; de esta manera finalmente Masacre en Corea ha perdurado como una de las obras pacifistas y en defensa de los derechos humanos más importantes de Picasso, más allá de ideologías y de bandos. El experto picassiano Pierre Daix aseguraba que, con los años, el cuadro había tomado un cariz «de ciencia ficción» y había entrado «dentro de la gran tradición de las pinturas de la tradición de las pinturas de la crueldad, una Masacre de los inocentes, versión siglo xx».

 

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