El Blog del museo Picasso de Barcelona

Una colección singular y en crecimiento

La gestación del Museu Picasso no fue fácil en un país y una ciudad donde no había muchos coleccionistas del pintor y donde imperaba un ambiente franquista que actuaba en su contra. Picasso juró que no pondría los pies en España mientras hubiese dictadura, pero, a pesar de ello, el artista siempre tuvo claro que Barcelona debía tener un museo Picasso. Los amigos catalanes que lo visitaban en las últimas décadas de su vida coinciden en remarcar que a Picasso le encantaba hablar de los años en Barcelona. ¿Nostalgia? Seguramente, pero también una gran consciencia de que los años barceloneses habían marcado profundamente su carrera.

Sin embargo, no fue tarea fácil crear un museo prácticamente de la nada y el proyecto requirió de mucha generosidad y de un hábil juego de complicidades por parte de un grupo de personas que contribuyeron a la creación de la institución. Entre ese grupo, el secretario y amigo del artista, Jaume Sabartés, los galeristas Gaspar y el notario Raimon Noguera. De entrada, se contaba con pocas obras para crear la colección. El mismo artista había plantado la primera semilla cuando en 1919 donó al Ayuntamiento de Barcelona la pintura Arlequín. Además, la colección de arte municipal contaba con veintidós obras de Picasso de la Colección Plandiura, adquirida en 1932.

Pablo Picasso. Arlequín. 1917. Óleo sobre tela. 116 x 90 cm. Museu Picasso, Barcelona. Foto: Estudi Gasull. MPB 10941

El Museu abrió sus puertas el 9 de marzo de 1963, de manera muy discreta, gracias a la donación de la colección personal de Jaume Sabartés ­—formada por las obras que el artista le había regalado—; las obras mencionadas de propiedad municipal; dibujos del coleccionista Lluís Garriga Roig; los grabados del libro Las metamorfosis de Ovidio, donados por nada menos que Salvador Dalí, y un collage cubista, Cabeza, donado por Gala, entre otras piezas.

Grabados de la donación de Jaume Sabartés en las salas del Palacio Berenguer d’Aguilar, 1963

 

El segundo gran ingreso de obras al museo tuvo lugar después de la muerte de Sabartés en 1968. En homenaje a su amigo, Picasso donó el Retrato azul de Sabartés (1901) y la serie de cincuenta y ocho lienzos de Las Meninas, uno de los conjuntos más emblemáticos del centro en la actualidad.

A pesar de ello, fue la tercera incorporación de obras donadas por el mismo pintor la que acabaría otorgando al museo de una personalidad propia. Coincidiendo con una gran ampliación del Museu en el año 1970, Picasso donó las obras de infancia y juventud que él mismo había dejado en casa de su hermana Lola, en el Passeig de Gràcia. Esa última incorporación fue la que enriqueció notablemente la institución con 921 obras, en diversos soportes, convirtiendo el museo en un referente internacional en el ámbito del estudio de la etapa de formación del artista.

Primera ubicación de la serie Las Meninas en el Palacio Berenguer d’Aguilar, 1968

Desde ese momento, la colección del Museu no ha parado de crecer. Entre las entradas de obra más destacadas figuran las donaciones de la viuda del artista, Jacqueline Roque, en dos tandas: cuarenta y una piezas de cerámica, en 1982, y el lienzo La mujer de la cofia (1901), en 1985. La hija de Jacqueline, Catherine Hutin, donó un boceto para Las Meninas, en 2009, y, precisamente procedente de su colección, llegó al museo una obra barcelonesa de la época azul, Azoteas de Barcelona (1903), cedida por el Ministerio de Cultura, en 1991. Diferentes familiares del pintor también donaron obras al Museu, como Pablo Vilató Ruiz, con Busto de mujer (1970) y Hombre sentado (1969).

Pablo Picasso. Azoteas de Barcelona. Barcelona, 1903. Óleo sobre lienzo.71 x 111 cm. Cesión permanente del Ministerio de Cultura, 1991. MPB 112.943

Otras obras de la colección son fruto de adquisiciones. En el año 2000 el Museu compró la escultura Cabeza de mujer (Fernande) y el Carnet Catalán, realizado en Gósol en 1906; el libro Le Siège de Jerusalem, de Max Jacob (1914), con tres aguafuertes de Picasso, ejemplar que perteneció a Paul Éluard, y el óleo Barraca de feria (1900), adquirido por la Fundació Barcelona Cultura en 2005.

Entre los ingresos más recientes destacan la donación de 163 fotografías del fotoperiodista David Douglas Duncan en 2013, la donación del editorial Gustavo Gili de planchas de cobre y documentación, la adquisición de la Colección Gili-Torra y el Archivo Brigitte Baer, donado por David Leclerc en 2015, crucial para el estudio de la obra gráfica de Picasso.

 

Redacción del Museu

 

 

 

 

1 Comentario
  • Masscv
    marzo 4, 2019

    It is very good that many people are interested in life about the work of the great master.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Captcha: *