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«El testamento de Orfeo», el único trabajo cinematográfico de Picasso

"El testament d’Orfeu", l’únic treball cinematogràfic de PicassoLucien Clergue: «Picasso en el rodaje de la película de Jean Cocteau El testamento de Orfeo». 18 de setiembre de 1959. Les Baux-de-Provence. Jacqueline Roque, Lucia Bosé, Luis Miguel Dominguín. © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid 2017.

 

La fotografía que encabeza este artículo, obra de Lucien Clergue, corresponde a la única escena cinematográfica de Pablo Picasso, si dejamos a un lado las imágenes documentales que de él tenemos. La película en cuestión es El testamento de Orfeo, dirigida en 1959 por el cineasta francés Jean Cocteau, y en la que, además de Picasso, actuaban también su pareja de entonces, Jacqueline Roque, el torero Luis Miguel Dominguín y la actriz Lucia Bosé.

La participación de Picasso en esta película se entiende por la relación de amistad que le unía a Jean Cocteau desde hacía más de cuatro décadas. La primera vez que trabajaron juntos fue en 1916, cuando Cocteau, ideólogo y escenógrafo del ballet Parade que los Ballets Rusos representaron en Barcelona, le presentó al coreógrafo Serguéi Diáguilev, quien a su vez le propuso que diseñase el vestuario y los decorados de la obra. Tal como pudimos ver en la exposición «1917. Picasso a Barcelona», la obra causó un gran impacto por el atrevimiento de la puesta en escena en cuanto a la plástica, la música y la narrativa.

La confianza entre Cocteau y Picasso se reafirmó poco tiempo después, en 1918, cuando el maestro cubista le pidió que ejerciese de testigo en su boda con la bailarina Olga Khokhlova, junto a Max Jacob y Guillaume Apollinaire. En 1919, Cocteau le dedicó a Picasso una oda poética. Y seis años más tarde, en 1924, Cocteau y Picasso colaboraron otra vez con los Ballets Rusos de Diáguilev; en concreto, en la obra Le train bleu, con escenografía de Cocteau y un telón en el que se pintó la obra Deux femmes courant sur la plage, de Picasso.

De esta manera, cuando Cocteau comienza a experimentar con el cine en los años veinte, y con mucha más dedicación durante la década de los cuarenta, su amistad con Picasso está más que consolidada.

En 1930, Cocteau dirigió el primer capítulo de una saga sobre el mito de Orfeo, La sangre de un poeta. La segunda parte, titulada simplemente Orfeo, se estrenó en 1950. Cuando llegó el momento de cerrar la trilogía con El testamento de Orfeo, Cocteau pidió a Picasso que se añadiese a la larga lista de amigos que formaban parte de su mundo, desde Charles Aznavour hasta Brigitte Bardot, Yul Brynner y Jean-Pierre Léaud. Además, el director contó con el apoyo económico de François Truffaut.

La aparición de Picasso en este filme tan solo dura unos segundos y se limita a la escena que recoge la fotografía de Lucien Clergue, en la que el artista llama la atención a sus compañeros en el momento en que el poeta protagonista, interpretado por Cocteau, pasa por delante. Se puede ver el momento exacto en este vídeo, a partir del minuto 1’47”. Tal vez no sea una interpretación merecedora de un Oscar, pero como mínimo es la prueba de que, por un día, Picasso se convirtió en actor cinematográfico.

 

Redacción del Museu

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