El Blog del museo Picasso de Barcelona

Malén Gual: «No hay que ver a Picasso como el artista consagrado, sino como un chico de 19 años que absorbe mucho de otros muchos artistas»

Como ya sabéis, desde el pasado 21 de setiembre hasta el 20 de enero, se puede disfrutar de la exposición «Picasso descubre París», en la que, con la colaboración del Musée d’Orsay y el Musée national Picasso-Paris, hemos plasmado el contexto que se encontró el artista durante sus primeros viajes a la capital francesa. Ahora, profundizamos un poco más en los contenidos de esta iniciativa a tres bandas con la entrevista de la comisaria de la muestra y conservadora del Museu Picasso de Barcelona, Malén Gual.

 

Malén Gual, durante la visita guiada para los medios de comunicación.Malén Gual, durante la visita guiada para los medios de comunicación.

 

«Picasso descubre París» va más allá del concepto de exposición. ¿Cómo la podríamos definir?

Es una muestra resultado del intercambio de obras con el Musée d’Orsay y el Musée national Picasso-Paris. Esta idea surge cuando estas dos entidades nos solicitan obras para la exposición «Chefs d’Ouvre», para la que hemos cedido Ciencia y Caridad, y sus estudios preparatorios, así como el préstamo excepcional de 52 piezas de la época de 1900 a 1905 para la exposición «Picasso. Bleu et Rose». Nosotros nos quedábamos con las salas vacías y debíamos llenarlas de algún modo. En ese momento pensamos que podríamos aprovechar la ocasión para mostrar qué fue lo que se encontró Picasso en sus dos primeros viajes a París.

¿Qué diferencias encuentra Picasso respecto a Barcelona?

Muchas. Primero hay que recordar que Barcelona era una ciudad de unos 500.000 habitantes, y él llega a una ciudad con más de 2 millones de habitantes. Allí se encuentra a los artistas contemporáneos del momento; su vanguardia, en un contexto en el que el impresionismo ya está superado, mientras que aquí todavía no ha llegado. Pero también se encuentra una ciudad absolutamente iluminada con luz eléctrica, llena de carteles que anuncian la exposición universal y las exposiciones de muchas galerías, y con una gran laxitud de costumbres y de hábitos. Además, Picasso no deja de ser un niño de 18 años que se va de su casa a una gran ciudad (cumplirá 19 años en París); cualquiera de nosotros se quedaría igualmente deslumbrado.

 

Pablo Picasso: Picasso y Manuel Pallarès contemplado la Torre Eiffel. Barcelona o París, 1900. Tinta sepia a pluma sobre papel. 8,8 x 11,1 cm (irregular). Museu Picasso, Barcelona. Donación Pablo Picasso, 1970. MPB 110.996. Fotografía, Gasull Fotografia. © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid 2018

 

¿Se va él solo o acompañado?

En su primer viaje, de octubre a diciembre de 1900, se traslada a la ciudad con Carles Casagemas. En seguida se reúne con Manuel Pallarès y el resto de sus amigos catalanes. En 1901 conocerá a Max Jacob y empieza a abrirse al mundo francés, aunque su primera etapa es una continuidad de los Quatre Gats. De hecho, existen unos dibujos muy bonitos que muestran a Picasso y a sus amigos Utrillo, Casas, Rusiñol o Pichot saliendo de la exposición universal con unas chicas. Por lo tanto, en su primer viaje sigue relacionándose con sus amigos de Barcelona.

Y si decimos que Picasso descubrió París, ¿podríamos hacer el juego y decir que París también descubrió a Picasso?

Sí, pero no de inmediato. En el primer viaje, Picasso descubre París. En 1901, cuando expone en la galería Vollard, Picasso continúa descubriendo París (y otro mundo que más tarde convergirá en la época azul), y es también cuando París empieza a descubrir a Picasso porque los críticos e historiadores dan a conocer su obra. Las críticas que recibe son positivas porque lo ven como un artista que llegará lejos, aunque a veces también le dicen que quiere abarcar demasiado. Sin embrago, todo eso es normal, porque, tal como he explicado antes, no debemos ver a Picasso como el artista consagrado sino como un chico de 19 años que absorbe mucho de otros muchos artistas: la forma de pintar, la temática, etc.

 

Las planchadorasEdgar Degas: Planchadoras. 1884- 1886. Óleo sobre tela. 76 x 81,5 cm. Musée d’Orsay, París. Legado del conde Isaac de Camondo, 1911. © RMN-Grand Palais (museé d’Orsay) / Tony Querrec / Gérard Blot / Hervé Lewandowski / Thierry Le Mage / Jean Schormans / Michèle Bellot / René-Gabriel Ojéda / Thierry Ollivier

  

De las obras que se han cedido al Musée d’Orsay y al Musée national Picasso-Paris para las muestra, ¿cuáles son las más destacables?

Creo que una de las obras de más calidad es Las planchadoras de Degas, que es la tercera obra de una serie de cuatro en que el artista muestra cómo era el trabajo de esas obreras durante los años ochenta del siglo xix. También tenemos tres Cézanne muy interesantes dado que dos de las obras pertenecían a la colección de Picasso, que las había comprado: El mar en L’Estaque y Cinco bañistas. Otras obras a destacar son la terracota de Gauguin o la Corrida de toros de Manet. Y también tenemos las pruebas de lo que Picasso vio en París, como la copia de una escultura de Bartholomé o copias de las pinturas de Puvis en el Panteón. Pensamos que Picasso hacía turismo tal como lo haríamos nosotros mismos, y gracias a las memorias de Sabartés sabemos que frecuentaba mucho el Louvre y el Museo de Luxemburg. Se fijaba en todos los detalles de los artistas que no eran tan conocidos y los incorporaba a su estilo.

Para terminar, el director del Musée national Picasso-Paris, Laurent Le Bon, dijo el día de la inauguración que estas colaboraciones demuestran que se empieza a difuminar la separación entre las colecciones permanentes y las exposiciones temporales. ¿Está de acuerdo con esa afirmación?

Yo creo que lo más importante de los museos son sus colecciones permanentes, y las tenemos que poner siempre en valor. Cada museo tiene las piezas que tiene, y son las que tenemos que hacer destacar. Esta muestra es fiel a la idea de Le Bon de ser más interdisciplinarios: se mezclan pinturas, documentos y fotografías, y se incorporan obras de otras colecciones para reforzar el discurso. Sin embargo, cada museo tiene su colección y es lo que se debe mostrar, por mucho que la podamos reforzar.

 

 

Redacción del Museu

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