El Blog del museo Picasso de Barcelona

La receta de la estampa: investigación y reinvención

Picasso amó el grabado y la litografía hasta tal punto que les dedicó setenta años de su vida. Sin embargo, no se inició en esta técnica en la Escuela de Bellas Artes de La Coruña ni en la Llotja de Barcelona, aunque ya empezó a interesarse por estas artes gráficas a finales del siglo XIX.

En un primer momento, trabajó con las técnicas de estampación tradicionales, pero transcurrido cierto tiempo, empezó a investigar y a reinventar los procedimientos, las recetas químicas y las operaciones de grabado. A raíz de estas investigaciones nacen recetas muy particulares en cuanto a sus técnicas, como por ejemplo el grabado sobre linóleo. Picasso fue como un cocinero que quiere experimentar continuamente.

En las etapas de iniciación, hay que destacar una anécdota relacionada con su primer estampa. En el momento de ejecutar la obra, Picasso grabó un picador de toros diestro, sin tener en cuenta que la imagen impresa quedaría invertida en relación con el dibujo de la plancha, y, por lo tanto, el picador sostendría la puya con la mano izquierda. Al ver el resultado, Picasso decidió titular la obra El zurdo, enfatizando así este error tan inesperado: un buen ejemplo de que, de los errores, también se aprende.

Pablo Picasso. El zurdo. Barcelona, 1899. Aguafuerte sobre cobre; 11,8 x 8 cm (pl.). Sylvie Mazo. Baer I, 1

 

La historia de Picasso grabador transcurre a lo largo de los años con una serie de artistas que la enriquecen. El artista no solo se limitaba a visitar los talleres de sus colaboradores sino que también adquiría los conocimientos que devendrían los pilares para las nuevas etapas de su proceso creativo de estampación. Las primeras lecciones se las dio su amigo Ricard Canals en otoño de 1904, en el Bateau-Lavoir. Más adelante, se dejó aconsejar por los Delâtre, padre e hijo, con los que Picasso creó sus primeros grabados.

Más tarde, otros artistas como Roger Lacourière, Louis Fort, Jacques Frélaut, Fernand Mourlot, los hermanos Crommelynck y también Hidalgo Arnéra contribuyeron en el grabado de Picasso, con conocimientos y asistencia técnica.

Ahora bien, todo este trabajo de colaboración quedaba sujeto a una jerarquía inamovible, en la que Picasso ocupaba el lugar principal. El artista delegaba las fases técnicas de la preparación y la impresión, pero no aceptaba ninguna intervención externa que alterara la obra que él había iniciado. En 1966, Brigitte Baerhace lo describe con una metáfora muy acertada: «Si se nos permite la comparación, sería como si una persona que cocina le pareciera muy bien que las otras personas le lavaran los enseres, siempre que no tocaran nunca la comida que se va cociendo a fuego lento».

Pablo Picasso. El llamàntol. 9 de gener del 1949. Litografia. Lavis sobre zinc (prova Sabartés). 56,5 x 76 cm. Museu Picasso, Barcelona. Donació Jaume Sabartés, 1962. MPB 70.104. Fotografia Museu Picasso, Barcelona. Fotografia, Gasull Fotografia

 

Otro hecho destacable es que al entrar en el mundo de las impresiones originales, Picasso deja de ser un artista autónomo, que crea con inmediatez, para integrarse en un proceso laborioso, con una sucesión definida de tareas y unos intervalos de tiempo que deben respetarse. Hay que tener en cuenta que el dibujo, por contra, está basado en una sincronización con el gesto que conlleva, de manera automática, el nacimiento de la obra.

El artista deja a un lado las técnicas que requieren más tiempo, como el grabado sobre madera, si bien también encontramos algunas excepciones. Picasso adquiere la pequeña prensa con la que puede gestionar, a solas y sin ayuda, el ritmo de trabajo, y, de esta manera, puede terminar más rápidamente las fases técnicas que normalmente requieren más tiempo. Con todo ello, junto con su impaciencia característica, se llega a generar una gran abundancia de obras

Pablo Picasso. Variació de Le déjeuner sur l’herbe de Manet. Mougins, 4 de juliol del 1961. Gravat amb gúbia sobre planxa de linòleum, estampat sobre paper vitel·la Arches amb filigrana (prova Sabartés, I estat). 53,5 x 63,9 cm (planxa). 61,9 x 75 cm (làmina). Museu Picasso, Barcelona. Donació Jaume Sabartés, 1966. MPB 70.271. Museu Picasso, Barcelona. Fotografia, Gasull Fotografia

 

Sea como fuere, Picasso fue un innovador, especialmente con el color, y nunca dejó de experimentar. En el marco de la exposición, «La cocina de Picasso», se podrán admirar algunas de sus litografías y grabados, expuestos en sala 9, como Naturaleza muerta con copa bajo la lámpara (1962), El bogavante (1949) o bien las variaciones de Dejéuner sur l’herbe de Manet.

 

Redacción del Museo

 

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