El Blog del museo Picasso de Barcelona

Montcada, una calle de comercios singulares

La calle Montcada es una de las más singulares del casco antiguo de Barcelona. Los palacios medievales que se alzan a ambos lados de la vía, con sus amplias fachadas de piedra y los patios interiores porticados, le otorgan una imagen única e inconfundible. El Museu Picasso abrió aquí sus puertas hace casi cincuenta años, buscando una ubicación con un bagaje histórico y artístico. Siguiendo su ejemplo, otros museos y algunas galerías de arte han ido ocupando espacios y edificios de la misma vía, convirtiéndola en un importante polo cultural. Pero no sólo hay lugar para la cultura en la calle Montcada. En diferentes puntos se mantienen algunas tiendas históricas que atestiguan la gran importancia comercial que ha tenido históricamente el barrio de la Ribera.

Calle Montcada. Vista desde el Museu Picasso

Algunos de estos comercios tienen casi un siglo de vida y han sido testigo de los profundos cambios sociales y demográficos que ha vivido el centro de Barcelona en este tiempo. Muchos nacieron al abrigo del enorme movimiento económico que generaba el antiguo mercado del Born, y vivieron como un trauma el grave impacto que supuso su traslado a las afueras de la ciudad a principios de los años 70. Los negocios que lograron sobrevivir se tuvieron que reciclar y reorientar. Por su antigüedad, algunos de los comercios de la calle Montcada ya existían antes de la creación del Museu Picasso y, por tanto, han vivido el día a día de la historia del museo desde su fundación. Éstas y otras vivencias acumuladas década tras década convierten las tiendas y sus responsables en historia viva de la ciudad. Desde aquí os queremos presentar algunas.

Pastelería Brunells

En la esquina privilegiada entre la calle Montcada y la de la Princesa encontramos uno de los negocios más dulces de la calle: la Pastelería Brunells. El establecimiento, abierto en 1852, era inicialmente una panadería. De hecho, en el interior se conserva aún un antiguo horno de leña de gran tamaño que funciona perfectamente, y que es visible desde la cafetería contigua. A partir de 1917 el local comenzó a servir también productos de pastelería, elaborados por la familia que le ha dado nombre. Actualmente el responsable del negocio es Manel Díaz, que trabaja aquí desde hace 44 años. La tienda ha mantenido inalterable la estética de las pastelerías de toda la vida, y en el obrador continúan preparando los productos de manera artesanal, con fórmulas vigentes hace más de 50 años.

Farmacia

No muy lejos de la pastelería, en la esquina de Montcada con la calle de la Barra de Ferro, se encuentra la pequeña farmacia que regenta Mario Cerra desde hace cinco años. La existencia de un negocio farmacéutico en este local parece que se remonta al 1598, según las investigaciones documentales realizadas por el anterior titular de la farmacia, que la dirigió durante 60 años. Cerra, en cambio, es uno de los nuevos vecinos que se han establecido en la Ribera en las últimas décadas. Cuando llegó a Barcelona, ??hace once años, le gustó tanto el barrio que decidió que quería vivir y trabajar aquí. Al asumir la gestión de la farmacia, rehabilitó a fondo el local manteniendo algunos de sus elementos históricos, como las estanterías y una báscula del siglo XIX.

Papers Coma

Papers Coma, situado en los bajos del Palacio Dalmases, es otro de los negocios históricos de la calle. Fundada en 1920, esta papelería abrió para dispensar bolsas y envases a los numerosos vendedores y proveedores instalados en el Born. Tras el cierre del mercado, en 1971, redirigieron el negocio hacia los vecinos del barrio. Hoy, aparte de envases, bandejas y elementos de embalaje de todo tipo, se puede encontrar una amplia variedad de elementos de papelería de uso cotidiano. Ramon Coma, actual responsable de la tienda junto con su hermano Francisco, explica que aunque no tienen productos pensados ??especialmente para los turistas, muchos de los que visitan la zona y el museo entran, especialmente cuando llueve. En su caso, pues, el refrán de los comerciantes para los días de lluvia – «calles mojadas, cajas secas» – no se cumple.

1748. Artesania i coses

En el tramo final en dirección al mar, la calle Montcada gana anchura formando una plazoleta alargada que desemboca en el paseo del Born. Aquí encontramos ‘1748. Artesania i coses’, una tienda singular de artesanía popular impulsada por Toni Sallent y su mujer. El local antiguamente albergaba una lavandería. Cuando quedó vacío, hace más de treinta años, Sallent lo abrió a los artesanos que modelaban el barro y el vidrio para que pudieran exponer y vender sus obras. Con el paso del tiempo, encontrar nuevos productores se ha convertido casi en una aventura, porque muchos de los maestros artesanos se han jubilado y su labor no ha tenido continuidad. A pesar de todo, ahora como hace treinta años, los muros de piedra y ladrillo de la tienda aún  se nos presentan repletos de porrones, platos, ollas y otros utensilios de barro y vidrio de todo tipo de formas y colores.

El Xampanyet

Aparte de los diferentes comercios y tiendas, en la calle Montcada también encontramos algunos locales donde poder tomar algo. El más veterano es, sin duda, El Xampanyet, regentado desde 1929 por tres generaciones de la misma familia: el abuelo Esteve Ninou, el hijo Estevet y el nieto Joan Carles, que es el actual responsable. La presencia de un bar en este local, sin embargo, parece que se remontaría aún más antiguamente, quizás hasta la misma construcción del edificio, en el año 1872. Inicialmente, el negocio de los Ninou era conocido como ‘Ca l’Esteve’. Pero a partir de los años sesenta el bar empezó a comercializar un vino blanco semiseco, embotellado por ellos mismos, que como era ligeramente gasificado todo el mundo lo conocía como ‘xampanyet’, y de aquí surgió el nuevo nombre del local. A pesar de sus 80 años de existencia, El Xampanyet ha mantenido casi intactas como el primer día el ambiente, la decoración y la oferta gastronómica. El perfil del cliente, en cambio, ha variado mucho. Estevet Ninou, que acumula 70 años de experiencia detrás del mostrador, ha visto cambiar el vecindario, el barrio y también el museo. Recuerda perfectamente la gran variedad de comercios que se alojaban en los bajos y almacenes de los palacios que hoy acogen al Picasso. Se había vendido miel, petróleo, colchones… e incluso hubo una fábrica de caramelos. Su hijo Joan Carles, por otra parte, recuerda perfectamente haber paseado en bicicleta por los patios y pasillos del museo cuando se estaban haciendo las obras de ampliación.

Esta es sólo una pequeña muestra de lo que se puede encontrar en la calle Montcada, donde hay muchos más locales y comercios. ¿Tenéis algún recuerdo o experiencia que queráis compartir?

Martí Casas
En prácticas en el Museu Picasso del máster de Gestión del Patrimonio Cultural de la Universidad de Barcelona

3 Comentarios
  • Pepi
    noviembre 11, 2012

    es mui bonito el museo recomiendo que vaiais:.)es una cara contenta porque no ay EMOTOICONOS!!!!!!!HE!!!!!!!

  • Museu Picasso
    noviembre 11, 2012

    Muchas gracias Pepi. Te agradecemos el intervé.

  • Marina
    marzo 30, 2016

    Me ha gustado mucho este artículo : )

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