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Horta de Sant Joan: visita a los paisajes picassianos

Aprovechando al máximo el fin de semana pasado, he visitado a título personal Horta de Sant Joan, donde Picasso hizo dos estancias que tuvieron una gran repercusión en su obra: una en 1898, cuando todavía era un adolescente; y la otra en 1909, esta vez como pintor ya plenamente afianzado en la vida cultural parisina.

Picasso en Horta

El recuerdo de Picasso en Horta es todavía muy vigente y es que, si bien el pueblo se convirtió en un capítulo importante en la vida del artista, sus estancias dejaron una huella también en el municipio. Picasso llegó a Horta de la mano de su amigo Manuel Pallarès, compañero de estudios de la Llotja, que era oriundo. Esto le dio un conocimiento de primera mano de la zona y sus habitantes, e hizo que estableciera una relación muy cercana.

Izquierda | Retrato de Pallarès hecho por Picasso
Derecha | Pablo Picasso y Manuel Pallarès en una foto tomada en 1960 y retocada por el artista

El primer recuerdo que tengo de la visita, nada más llegar, fue la vista de la imponente montaña de Santa Bárbara, con el convento de Sant Salvador a su pie, que nos remite inmediatamente a una de las obras realizadas durante su segunda estancia, Paisaje. Horta de Ebro, 1909, actualmente en la colección del Denver Art Museum. A partir de aquí las referencias son múltiples y diversas, y están relacionadas con ambas estancias: desde la luz que el artista supo captar tan plenamente, hasta el paisaje mediterráneo, pasando por la Plaza de la Iglesia con el antiguo Hostal del Trompet donde se alojó con Fernande Olivier, la calle de Picasso -la primera del estado español en homenajear al artista y que recibió este nombre en 1967, en pleno franquismo-, o la atmósfera aún reconocible de aquellas primeras fotos hechas de Horta, precisamente de la mano de un Picasso que experimentaba con la cámara fotográfica.

Montaña de Santa Bárbara | Pablo Picasso. Paisaje. Horta de Ebro, 1909. Denver Art Museum

Para todos aquellos que quieran conocer más sobre esta relación, les resultará ineludible una visita al Centro Picasso d’Horta, donde se exponen reproducciones facsímil de todas las obras creadas por el artista en 1898 y en 1909. El centro proporciona una visión global de la repercusión que las experiencias en Horta tuvieron, tanto a nivel personal como creativo, y permite captar la magnitud del trabajo que desarrolló. Esta visión en conjunto de la obra, a pesar que no sean los originales, responde a una excelente labor de investigación que hicieron los impulsores del centro, Josep Palau i Fabre y la Asociación Amigos de Horta, y está muy bien documentada con textos de explicación que se apoyan, en algunos puntos, en extractos de los escritos de Palau i Fabre.

Centro Picasso d’Horta

Una última visita «picassiana» fue una excursión a la cueva de Picasso, donde en verano de 1898, Picasso y su amigo Pallarès vivieron durante unas semanas, en plena naturaleza. Esta fue una experiencia iniciática de la que Picasso emergería con la capacidad de romper con su pasado de formación académica y presentarse al mundo como un pintor de vanguardia.

Se accede a la cueva por una senda de unos 3 km que sale del Parque de la Franqueta, muy bien indicada. Primero con un poco de cargo de conciencia por estar arrastrando a mi familia en esta aventura monotemática, caminamos por el bosque y la montaña atravesando varios parajes de gran belleza, y muy pronto cualquier pesar se desvaneció, ya que la senda es bastante fácil y lo pasamos muy bien.

La cueva (que había tenido otro nombre pero ahora se conoce como Cueva de Picasso) es en realidad una gruta, una roca que sobresale de la montaña y que había sido cerrada con unos muros de piedra para guarecerse. Impresiona estar allí, te sientes muy lejos del mundo y es fácil imaginar a los dos jóvenes, desnudos, viviendo su aventura de regreso a la naturaleza y al estado primigenio.

Cueva de Picasso y cartel indicativo de la cueva

Siguiendo el camino se llega al Mas del Quiquet, pintado por Picasso durante la su primera estancia y donde los dos amigos se dirigían cuando necesitaban comida. Me ilusionó ver que la masía se ha mantenido en recuerdo al papel que jugó en esta aventura picassiana, aunque los criterios que se siguieron para restaurarlo en su día no sean los que se seguirían en la actualidad.

Mas del Quiquet actualmente | Pablo Picasso. Mas del Quiquet, 1898

Todo ello, ha sido una visita muy enriquecedora, que me ha proporcionado mucha información no sólo sobre unas etapas cruciales de la obra y la vida de Picasso, que recordaría siempre el tiempo pasado en Horta con una gran estimación («Todo lo que sé lo he aprendido en Horta», diría en numerosas ocasiones), sino también sobre la relación entre el territorio y los procesos de creación: como ésta no es un fruto aislado sino que responde en una serie de sinergias que la propician y alimentan.

Anna Guarro
Programas Públicos

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